¿Cómo definir la criticidad de los equipos biomédicos y priorizar su mantenimiento?

Sommaire

En un establecimiento de salud, un respirador, un desfibrilador o un ecógrafo no exponen la actividad a las mismas consecuencias en caso de falla. Evaluar la criticidad de los equipos permite jerarquizar los riesgos y concentrar las intervenciones de mantenimiento de dispositivos biomédicos donde una indisponibilidad tendría mayor impacto en la atención.

Puntos clave

  • La criticidad de un equipo biomédico no depende únicamente de su naturaleza o su valor: debe evaluarse según las consecuencias de su falla sobre el paciente, la atención y la continuidad de la actividad.
  • Una matriz de criticidad debe permanecer simple y adaptada al terreno: impacto de una falla, posibilidad de sustitución, nivel de uso y fiabilidad observada constituyen cuatro criterios pertinentes para jerarquizar los equipos.
  • La criticidad no debe quedar fija: el historial de fallas, el MTBF, el MTTR y los tiempos de indisponibilidad permiten confrontar la clasificación teórica con el comportamiento real del equipo.
  • El CMMS aporta los datos necesarios para objetivar y actualizar este análisis: historial de intervenciones, fallas recurrentes, tiempos de parada e indicadores de fiabilidad respaldan la decisión de los equipos biomédicos.

1. ¿Cómo evaluar la criticidad de un equipo biomédico?

La criticidad no debería ser una simple mención «baja, media o alta» asociada a un equipo. El análisis de criticidad se inscribe en un proceso de análisis de riesgos. Antes incluso de calcular una puntuación, hay que identificar las posibles consecuencias de una falla y su impacto en la actividad.

Cómo evaluar la criticidad de un equipo biomédico

Cuatro dimensiones pueden guiar la evaluación.

1. ¿Cuál sería el impacto de una falla de un equipo biomédico en el paciente y los cuidados?

¿Puede la falla interrumpir una monitorización, retrasar un diagnóstico o impedir un tratamiento? ¿Puede afectar la seguridad del paciente o la continuidad de los cuidados? Se trata de evaluar las consecuencias clínicas de una falla.

2. ¿Puede continuar la actividad?

¿Puede otro aparato tomar el relevo inmediatamente? ¿Existe un procedimiento alternativo? ¿Se puede transferir o posponer la actividad sin consecuencias mayores?

La redundancia del parque altera notablemente el análisis. Una indisponibilidad sin solución de sustitución no tiene el mismo impacto que una falla que puede ser absorbida por varios equipos equivalentes.

3. ¿Qué tan solicitado está el equipo?

Un dispositivo usado puntualmente no tiene la misma exposición que un aparato utilizado diariamente por varios servicios.

4. ¿Qué dice su historial?

  • ¿Cuántas fallas ha tenido? ¿Son aisladas o recurrentes?
  • ¿Las reparaciones se vuelven más frecuentes?
  • ¿Aumentan los períodos de indisponibilidad?

En resumen: la criticidad depende tanto del uso del equipo, de las consecuencias de su indisponibilidad y de su fiabilidad observada.

 

2. Construir una matriz de criticidad utilizable en el terreno

Un análisis puede volverse rápidamente complejo: función clínica, uso, seguridad, redundancia, historial, antigüedad, coste, mantenibilidad… Multiplicar los criterios no mejora necesariamente la decisión.

Una matriz debe, ante todo, seguir siendo comprensible y explotable por los profesionales que conocen el parque.

Una primera cuadrícula puede, por ejemplo, apoyarse en cuatro dimensiones:

Criterio

Bajo

Intermedio

Alto

Impacto de una falla

Incidencia limitada

Actividad perturbada

Riesgo para el paciente o los cuidados fuertemente afectados

Posibilidad de sustitución

Inmediata

Limitada

Ninguna

Uso

Ocasional

Regular

Intenso

Fiabilidad observada

Estable

Incidentes puntuales

Fallas recurrentes

Los criterios, los umbrales y su posible ponderación deben adaptarse a los equipos, a los usos y a la organización de cada establecimiento.

¡Cuidado con la trampa del puntaje medio! Supongamos que un dispositivo presenta un riesgo importante para el paciente, pero obtiene puntuaciones bajas en los otros tres criterios. Un simple promedio podría reducir artificialmente su criticidad.

Ciertas situaciones pueden por tanto requerir una regla de reclasificación, en lugar de una compensación matemática entre todos los criterios.

Antes de desplegar el método en todo el parque, conviene probarlo en algunos perfiles diferentes: respirador, desfibrilador, bomba de jeringa, ecógrafo, analizador…

Si la clasificación obtenida parece incoherente para quienes intervienen diariamente en esos equipos, probablemente convenga revisar los criterios o su ponderación.

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3. El CMMS para centralizar, organizar y gestionar el mantenimiento

La criticidad debe seguir siendo un dato vivo, y el CMMS aporta una base factual al análisis: intervenciones realizadas, fallas recurrentes, tiempos de parada o indicadores de fiabilidad (MTTR, MTBF) pueden relacionarse con el nivel de criticidad.

En los establecimientos de salud, el CMMS permite también centralizar el inventario de equipos, hacer el seguimiento de las intervenciones y el mantenimiento preventivo de equipos biomédicos, conservar su historial y organizar la actividad de los equipos técnicos.

La importancia otorgada al historial aparece en varios testimonios de DimoMaint.

En Cap Santé, el servicio biomédico inició su proyecto constituyendo un inventario que incluía, entre otros, la localización, las intervenciones, las fechas, los documentos y los costes. Étienne Drufin, entonces responsable biomédico, explica el interés de disponer de información que permita reaccionar en caso de recurrencia de fallas y seguir su evolución. 

En el Centre hospitalier de Thiers-Ambert, Christophe Crespo, director técnico, describe por su parte el historial de intervenciones como un verdadero «libro de salud» del equipo. La información relativa a fallas y reparaciones sigue siendo accesible para los profesionales que intervienen a continuación.

La GMAO para confrontar la clasificación con la realidad

La herramienta apoya la decisión; la experiencia de los equipos biomédicos sigue siendo determinante para interpretar los datos y ajustar las prioridades

Descubrir los CMMS DimoMaint dedicados a los establecimientos de salud

 

Cuando un mismo equipo vuelve regularmente a las prioridades pese a las reparaciones realizadas, pueden examinarse otros parámetros: antigüedad, disponibilidad de repuestos, costes de mantenimiento, tiempo de inmovilización u obsolescencia. La pregunta entonces es: ¿hay que seguir adaptando su mantenimiento o empezar a considerar su reemplazo?

El nivel asignado a un equipo no debería permanecer inmutable durante toda su vida útil. Una evolución de su uso o de sus condiciones de explotación, la desaparición de un aparato de reserva o un deterioro de su fiabilidad pueden modificar el riesgo real.

Una buena matriz de criticidad debe ser comprendida por los equipos biomédicos, confrontada con su experiencia y con los datos del terreno.

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